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LITERATURA EN VENEZUELA. La época colonial. Los primeros escritores
venezolanos de la literatura colonial fueron los cronistas de Indias, entre
ellos Juan de Castellanos, fray Pedro de Aguado y fray Pedro Simón. Podemos
también mencionar a José Oviedo y Baños, quien residió en Caracas desde los 14
años de edad, como el primer escritor criollo. Oviedo y Baños con un estilo
clásico y realista contó la conquista y población de la Provincia de Venezuela.
Durante la revolución de la Independencia, Simón Bolívar también usó su pluma
para defender y divulgar los principios republicanos, y a veces para expresar
sus emociones y vivencias personales. Las creaciones literarias que marcarán
pauta pertenecerán a los géneros de la prosa y la poesía de sabor neoclásico de
Andrés Bello. A su lado, destaca la escritura genial de ruptura y parodia de
Simón Rodríguez.

Neoclasicismo y romanticismo. En los inicios de la era republicana figuran
cuatro grandes nombres de las letras venezolanas: Andrés Bello, Fermín Toro,
Rafael María Baralt y Juan Vicente González. El más destacado poeta, de clara
autenticidad romántica, se llama Juan Antonio Pérez Bonalde. Entre los
costumbristas venezolanos están Daniel Mendoza, Francisco de Sales Pérez,
Nicanor Bolet Peraza, Francisco Tosta García, Rafael Bolívar Alvarez, Rafael
Bolívar Coronado y Miguel Mármol. Dos escritores de carácter señalan la
transición hacia nuevas posiciones intelectuales y creadoras: Cecilio Acosta y
Arístides Rojas.
Positivismo, modernismo y literatura venezolana. Fue después de 1880 cuando
se perfiló en Venezuela un movimiento literario de más ambiciosa inspiración. En
el género narrativo, el descubrimiento del naturalismo inspiró a Tomás Michelena
una novela: Débora (1884) y a Manuel Vicente Romero García, su obra Peonía
(1890), primera tentativa de novela criolla integral. Otros autores dentro de la
tendencia serían Gonzalo Picón Febres (El sargento Felipe, 1899), y Miguel
Eduardo Pardo (Todo un pueblo). Manuel Díaz Rodríguez, prosista y narrador de
refinado lenguaje, se destaca como la figura más importante que el modernismo
produjo en Venezuela. Le suceden Luis Urbaneja Achepohl, Rufino Blanco Fombona,
José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra y Rómulo Gallegos. Con la obra
portentosa de Rómulo Gallegos, donde se destaca la inmortal novela Doña Bárbara,
culmina toda una etapa de la narrativa venezolana, aquella sometida a las
influencias del nativismo, del costumbrismo, del realismo, del lirismo
descriptivo que alcanza tonos épicos cuando contempla las luchas del hombre con
la naturaleza.
Es importante mencionar a Arturo Uslar Pietri (Las lanzas Coloradas, 1931),
quien se afirmó como la mayor promesa narrativa novelesca; a Enrique Bernardo
Nuñez, a Julio Garmendia, a Antonio Arraiz, a Ramón Díaz Sánchez, a Guillermo
Meneses, a Miguel Otero Silva. Del grupo "Contrapunto", entre 1946 y 1949,
surgen narradores destacados (Andrés Mariño Palacio, Ramón González Paredes,
Héctor Mujica y otros), dueños de una información literaria más actual que los
anteriores, y cuyas creaciones pretenden liberar la narrativa de los resabios
del costumbrismo, del criollismo, de la temática rural, del mensaje edificante,
del modo de contar lineal. Más tarde, aparece Salvador Garmendia, quien
desarrolla su temática hasta consecuencias de hiperrealismo anonadante, y aborda
otros espacios, entre ellos el fantástico. También se destaca la narrativa
paródica y densa de Luis Britto García, pasando por la importante obra de José
Balza, un experimentador incansable, y por la de Oswaldo Trejo, atrevidamente
textual. Se impone citar a Humberto Rivas Mijares y a Gustavo Díaz Solis, a
Pedro Berroeta, a Oscar Guaramato, a Antonio Márquez Salas, a Alfredo Armas
Alfonzo, Manuel Trujillo, Orlando Araujo y a Adriano González León, la gran
promesa del grupo Sardio y de la generación de 1960. También están presentes
Argenis Rodríguez, José Vicente Abreu, Laura Antillano, Francisco Massiani,
Denzil Romero, Ednodio Quintero, Alberto Jiménez Ure, Gabriel Jiménez Emán,
Armando José Sequera y Antonia Palacios, autora de la más importante obra
narrativa de pluma femenina después de Teresa de la Parra.
La poesía. A pesar de que la poesía venezolana tardó mucho en alcanzar la
modernidad, un poeta que debe ser leído y valorado como el único gran poeta
modernista que tuvo Venezuela, es Alfredo Arvelo Larriva, virtuoso de la rima y
del soneto. Otros poetas dignos de ser recordados son Andrés Mata, Sergio
Medina, Ismael Urdaneta y Andrés Eloy Blanco, el poeta más popular de Venezuela,
situado entre lo tradicional y la vanguardia. Vale mencionar también a Fernando
Paz Castillo, a Luis Barrios Cruz, a Jacinto Fombona Pachano, a Rodolfo Moleiro,
a Enrique Planchart, a Luisa del Valle Silva, a Enriqueta Arvelo Larriva, a
Héctor Cuenca, a Julio Morales Lara y a Luis Enrique Mármol. Mención aparte
merece José Antonio Ramos Sucre, maestro del poema en prosa, erudito, simbólico
y misterioso. Entre tanto, tanto los poetas de 1918 como Antonio Arraiz, cada
cual por su lado, dieron al traste con las formas y el lenguaje poético
atrapados en las lecciones de versificación y rimado. La vanguardia produce sólo
dos poetas: Pablo Rojas Guardia y Luis Castro. A cierta distancia de estos
poetas, despuntó en el movimiento vanguardista Carlos Augusto León. El grupo
Viernes, que se impuso entre 1938 y 1941, estuvo compuesto por Rafael Olivares
Figueroa, Ángel Miguel Queremel, José Ramón Heredia, Luis Fernando Álvarez,
Pablo Rojas Guardia, Pascual Venegas Filardo, Oscar Rojas Jiménez, Otto De Sola,
y Vicente Gerbasi, aceptado hoy día como una de las voces líricas más intensas
de Venezuela y de América. Entre los poetas que no siguieron las pautas
viernistas destaca Juan Beroes, la figura que aupó el grupo "Suma", quien
regresó a las formas poéticas clásicas y renacentistas. Luego surge Juan Liscano.
Dentro del contexto de "españolistas" hay que situar la obra de Ida Gramcko, Ana
Enriqueta Terán y Luz Machado. Estas mujeres poetas ocupan un sitio de
privilegio en las décadas de 1940 y 1950. En la actualidad destacan la poesía
muy personal de Yolanda Pantin, Margara Russoto, Edda Armas, Cecilia Ortiz y
Lourdes Sifontes. José Ramón Medina es uno de los valores poéticos más firmes
del posviernismo y el posespañolismo; sus compañeros Luis Pastori y Aquiles
Nazoa no cambiaron los rasgos iniciales de su escritura neoclásica o
neomodernista. Los poetas Dionisio Aymará y Carlos Gottberg, entre otros, se
adentraron en la condición del hombre cotidiano. De la llamada "Generación del
Sesenta" surgen poetas excepcionales: Rafael Cadenas, Francisco Pérez Perdomo,
Juan Calzadilla, Arnaldo Acosta Bello, Ramón Palomares, Caupolicán Ovalles,
Hesnor Rivera. Entre este grupo de poetas y el pasado hay que situar a Juan
Sánchez Peláez, cuya obra reducida pero de intensa virtud visionaria y
metafórica, de desgarrones existenciales y lirismo atormentado, reconoce como
fuente la generación del sesenta. La breve experiencia de la revista Cantaclaro
(1950), reveló a tres poetas: Rafael José Muñoz, Jesús Sanoja Hernández y Miguel
García Mackle. Alfredo Silva Estrada se concretó a crear una obra que se cuenta
entre las más coherentes de la poética venezolana.
Otros poetas de ese período son Luis García Morales, Luis Guillermo Sucre,
Víctor Salazar, Gustavo Pereira, Ludovico Silva, Ramón Querales, Luis Camilo
Guevara, Víctor Valera Mora, Eleazar León, Elí Galindo y Julio Miranda. En
Valencia, los poetas Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Teófilo Tortolero,
Reynaldo Pérez Só, en la revista Poesía de la Universidad de Carabobo, descartan
las actitudes polémicas y crean un espacio propio. El poema breve encuentra en
Luis Alberto Crespo a un cultivador original. De la generación de los ochenta,
se encuentran voces como Enrique Mujica, Miguel y Vasco Szinetar, Willian Osuna,
Armando Rojas Guardia, Igor Barreto, Salvador Tenreiro, Alberto y Miguel
Márquez, Alejandro Salas, Luis Pérez Oramas, Nelson Rivera y Armando Coll
Martínez.
De la prosa y sus aplicaciones. El ensayo como subgénero vendría siendo una
toma de conciencia de la propia escritura; desde este punto de vista Simón
Rodríguez sería un ensayista. Ensayistas venezolanos de comienzos de siglo son
Gonzalo Picón Febres, Luis López Méndez y Jesús Semprum. Es importante la obra
de Julio Planchart, Luis Correa, César Zumeta, José Gil Fortoul, Pedro Emilio
Coll y Arturo Uslar Pietri, quien ha cultivado esporádicamente el ensayo
literario. La enseñanza, la bibliografía, la compilación, la investigación deben
mucho a humanistas extranjeros nacionalizados o integrados a la vida del país
hace años, como Pedro Grases, Manuel Pérez Vila, Segundo Serrano Poncela, Juan
David García Bacca, y otros muchos fallecidos, como Federico Riu, Agustín
Millares Carlo, Edoardo Crema, Juan Nuño y Ángel Rosenblat. Igualmente,
sobresalen los trabajos de Eduardo Arroyo Lameda, Mario Briceño Iragorry,
Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y Augusto Mijares. Entre los
escritores de los sesenta sobresalen José Francisco Sucre y Ludovico Silva.
Guillermo Sucre y Francisco Rivera pueden ser distinguidos como los mejores
ensayistas actuales sobre literatura.
Historia de la Literatura Venezolana. La Época Colonial
La primera referencia escrita que se posee con respecto a Venezuela es la
relación del tercer viaje (1498) de Cristóbal Colón (c. 1451-1506), durante el
cual descubrió Venezuela. En esa epístola (31 de agosto de 1498) se denomina a
Venezuela como la "Tierra de gracia". Pero poco a poco aparecerán los escritores
de literatura. Desde los días de la isla de Cubagua (1528) los encontramos. De
ellos ha llegado el nombre y el poema de Jorge de Herrera y las vastísimas
Elegías (1589) de Juan de Castellanos. Durante los tres siglos coloniales la
actividad literaria será constante, pero los textos que se conservan en la
actualidad son escasos, debido a la tardía instalación de la imprenta en este
país (1808), lo cual impidió a muchos escritores editar sus libros. Pese a ello,
de 1723 es la Historia de José de Oviedo y Baños, la mayor obra literaria del
barroco venezolano; de las últimas décadas del siglo XVIII procede el Diario
(1771-1792) de Francisco de Miranda, la mayor obra en prosa del periodo
colonial. De fines del mismo siglo es la obra poética de la primera mujer
escritora del país de la que se tiene noticia: sor María de los Ángeles
(1765-1818?), toda ella cruzada por un intenso sentimiento místico inspirado en
santa Teresa de Jesús. Pese a que se puede nombrar a varios escritores de este
periodo, los rasgos más notables de la cultura colonial hay que buscarlos más
que en la literatura en las humanidades, en especial en el campo de la filosofía
y de la oratoria sagrada y profana, en las intervenciones académicas y en el
intento llevado a cabo por fray Juan Antonio Navarrete (1749-1814) en su Teatro
enciclopédico. Los primeros escritores venezolanos de la literatura colonial
fueron los cronistas de Indias, entre ellos Juan de Castellanos, fray Pedro de
Aguado y fray Pedro Simón. Podemos también mencionar a José Oviedo y Baños,
quien residió en Caracas desde los 14 años de edad, como el primer escritor
criollo. Oviedo y Baños con un estilo clásico y realista contaron la conquista y
población de la Provincia de Venezuela. Durante la revolución de la
Independencia, Simón Bolívar también usó su pluma para defender y divulgar los
principios republicanos, y a veces para expresar sus emociones y vivencias
personales. Las creaciones literarias que marcarán pauta pertenecerán a los
géneros de la prosa y la poesía de sabor neoclásico de Andrés Bello. A su lado,
destaca la escritura genial de ruptura y parodia de Simón Rodríguez.
Neoclasicismo y Romanticismo. En los inicios de la era republicana
figuran cuatro grandes nombres de las letras venezolanas: Andrés Bello, Fermín
Toro, Rafael María Baralt y Juan Vicente González. El más destacado poeta, de
clara autenticidad romántica, se llama Juan Antonio Pérez Bonalde. Entre los
costumbristas venezolanos están Daniel Mendoza, Francisco de Sales Pérez,
Nicanor Bolet Peraza, Francisco Tosta García, Rafael Bolívar Alvarez, Rafael
Bolívar Coronado y Miguel Mármol. Dos escritores de carácter señalan la
transición hacia nuevas posiciones intelectuales y creadoras: Cecilio Acosta y
Arístides Rojas.
Positivismo, Modernismo y Literatura Venezolana. Fue después de 1880
cuando se perfiló en Venezuela un movimiento literario de más ambiciosa
inspiración. En el género narrativo, el descubrimiento del naturalismo inspiró a
Tomás Michelena una novela: Débora (1884) y a Manuel Vicente Romero García, su
obra Peonía (1890), primera tentativa de novela criolla integral. Otros autores
dentro de la tendencia serían Gonzalo Picón Febres (El sargento Felipe, 1899), y
Miguel Eduardo Pardo (Todo un pueblo). Manuel Díaz Rodríguez, prosista y
narrador de refinado lenguaje, se destaca como la figura más importante que el
modernismo produjo en Venezuela. Le suceden Luis Urbaneja Achepohl, Rufino
Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra y Rómulo Gallegos. Con
la obra portentosa de Rómulo Gallegos, donde se destaca la inmortal novela Doña
Bárbara, culmina toda una etapa de la narrativa venezolana, aquella sometida a
las influencias del nativismo, del costumbrismo, del realismo, del lirismo
descriptivo que alcanza tonos épicos cuando contempla las luchas del hombre con
la naturaleza. Es importante mencionar a Arturo Uslar Pietri (Las lanzas
Coloradas, 1931), quien se afirmó como la mayor promesa narrativa novelesca; a
Enrique Bernardo Nuñez, a Julio Garmendia, a Antonio Arraiz, a Ramón Díaz
Sánchez, a Guillermo Meneses, a Miguel Otero Silva. Del grupo "Contrapunto",
entre 1946 y 1949, surgen narradores destacados (Andrés Mariño Palacio, Ramón
González Paredes, Héctor Mujica y otros), dueños de una información literaria
más actual que los anteriores, y cuyas creaciones pretenden liberar la narrativa
de los resabios del costumbrismo, del criollismo, de la temática rural, del
mensaje edificante, del modo de contar lineal. Más tarde, aparece Salvador
Garmendia, quien desarrolla su temática hasta consecuencias de hiperrealismo
anonadante, y aborda otros espacios, entre ellos el fantástico.
También se destaca la narrativa paródica y densa de Luis Britto García, pasando
por la importante obra de José Balza, un experimentador incansable, y por la de
Oswaldo Trejo, atrevidamente textual. Se impone citar a Humberto Rivas Mijares y
a Gustavo Díaz Solis, a Pedro Berroeta, a Oscar Guaramato, a Antonio Márquez
Salas, a Alfredo Armas Alfonzo, Manuel Trujillo, Orlando Araujo y a Adriano
González León, la gran promesa del grupo Sardio y de la generación de 1960.
También están presentes Argenis Rodríguez, José Vicente Abreu, Laura Antillano,
Francisco Massiani, Denzil Romero, Ednodio Quintero, Alberto Jiménez Ure,
Gabriel Jiménez Emán, Armando José Sequera y Antonia Palacios, autora de la más
importante obra narrativa de pluma femenina después de Teresa de la Parra.
La Poesía. A pesar de que la poesía venezolana tardó mucho en alcanzar la
modernidad, un poeta que debe ser leído y valorado como el único gran poeta
modernista que tuvo Venezuela, es Alfredo Arvelo Larriva, virtuoso de la rima y
del soneto. Otros poetas dignos de ser recordados son Andrés Mata, Sergio
Medina, Ismael Urdaneta y Andrés Eloy Blanco, el poeta más popular de Venezuela,
situado entre lo tradicional y la vanguardia. Vale mencionar también a Fernando
Paz Castillo, a Luis Barrios Cruz, a Jacinto Fombona Pachano, a Rodolfo Moleiro,
a Enrique Planchart, a Luisa del Valle Silva, a Enriqueta Arvelo Larriva, a
Héctor Cuenca, a Julio Morales Lara y a Luis Enrique Mármol. Mención aparte
merece José Antonio Ramos Sucre, maestro del poema en prosa, erudito, simbólico
y misterioso. Entre tanto, tanto los poetas de 1918 como Antonio Arraiz, cada
cual por su lado, dieron al traste con las formas y el lenguaje poético
atrapados en las lecciones de versificación y rimado. La vanguardia produce sólo
dos poetas: Pablo Rojas Guardia y Luis Castro. A cierta distancia de estos
poetas, despuntó en el movimiento vanguardista Carlos Augusto León. El grupo
Viernes, que se impuso entre 1938 y 1941, estuvo compuesto por Rafael Olivares
Figueroa, Ángel Miguel Queremel, José Ramón Heredia, Luis Fernando Álvarez,
Pablo Rojas Guardia, Pascual Venegas Filardo, Oscar Rojas Jiménez, Otto De Sola,
y Vicente Gerbasi, aceptado hoy día como una de las voces líricas más intensas
de Venezuela y de América. Entre los poetas que no siguieron las pautas
viernistas destaca Juan Beroes, la figura que aupó el grupo "Suma", quien
regresó a las formas poéticas clásicas y renacentistas. Luego surge Juan Liscano.
Dentro del contexto de "españolistas" hay que situar la obra de Ida Gramcko, Ana
Enriqueta Terán y Luz Machado. Estas mujeres poetas ocupan un sitio de
privilegio en las décadas de 1940 y 1950. En la actualidad destacan la poesía
muy personal de Yolanda Pantin, Margara Russoto, Edda Armas, Cecilia Ortiz y
Lourdes Sifontes.
José Ramón Medina es uno de los valores poéticos más firmes del posviernismo y
el posespañolismo; sus compañeros Luis Pastori y Aquiles Nazoa no cambiaron los
rasgos iniciales de su escritura neoclásica o neomodernista. Los poetas Dionisio
Aymará y Carlos Gottberg, entre otros, se adentraron en la condición del hombre
cotidiano. De la llamada "Generación del Sesenta" surgen poetas excepcionales:
Rafael Cadenas, Francisco Pérez Perdomo, Juan Calzadilla, Arnaldo Acosta Bello,
Ramón Palomares, Caupolicán Ovalles, Hesnor Rivera. Entre este grupo de poetas y
el pasado hay que situar a Juan Sánchez Peláez, cuya obra reducida pero de
intensa virtud visionaria y metafórica, de desgarrones existenciales y lirismo
atormentado, reconoce como fuente la generación del sesenta. La breve
experiencia de la revista Cantaclaro (1950), reveló a tres poetas: Rafael José
Muñoz, Jesús Sanoja Hernández y Miguel García Mackle. Alfredo Silva Estrada se
concretó a crear una obra que se cuenta entre las más coherentes de la poética
venezolana. Otros poetas de ese período son Luis García Morales, Luis Guillermo
Sucre, Víctor Salazar, Gustavo Pereira, Ludovico Silva, Ramón Querales, Luis
Camilo Guevara, Víctor Valera Mora, Eleazar León, Elí Galindo y Julio Miranda.
En Valencia, los poetas Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Teófilo Tortolero,
Reynaldo Pérez Só, en la revista Poesía de la Universidad de Carabobo, descartan
las actitudes polémicas y crean un espacio propio.
El poema breve encuentra en Luis Alberto Crespo a un cultivador original. De la
generación de los ochenta, se encuentran voces como Enrique Mujica, Miguel y
Vasco Szinetar, Willian Osuna, Armando Rojas Guardia, Igor Barreto, Salvador
Tenreiro, Alberto y Miguel Márquez, Alejandro Salas, Luis Pérez Oramas, Nelson
Rivera y Armando Coll Martínez. La poesía de la década de 1960 la dominan
Eugenio Montejo y Luis Alberto Crespo; la de 1980, Yolanda Pantín y Rafael
Arraíz Lucca (1959- ); la narrativa, figuras como José Balza, Francisco Massiani,
Luis Britto García, Denzil Romero, Guillermo Morón, Gustavo Luis Carrera (1933-
), Ana Teresa Torres (1945- ), Laura Antillano (1950- ) y Stefanía Mosca (1957-
); el ensayo, Juan Carlos Santaella; y Víctor Bravo (1949- ) y Javier Lasarte
(1955- ), la crítica literaria.
De la prosa y sus aplicaciones. El ensayo como subgénero vendría siendo
una toma de conciencia de la propia escritura; desde este punto de vista Simón
Rodríguez sería un ensayista. Ensayistas venezolanos de comienzos de siglo son
Gonzalo Picón Febres, Luis López Méndez y Jesús Semprum. Es importante la obra
de Julio Planchart, Luis Correa, César Zumeta, José Gil Fortoul, Pedro Emilio
Coll y Arturo Uslar Pietri, quien ha cultivado esporádicamente el ensayo
literario. La enseñanza, la bibliografía, la compilación, la investigación deben
mucho a humanistas extranjeros nacionalizados o integrados a la vida del país
hace años, como Pedro Grases, Manuel Pérez Vila, Segundo Serrano Poncela, Juan
David García Bacca, y otros muchos fallecidos, como Federico Riu, Agustín
Millares Carlo, Edoardo Crema, Juan Nuño y Ángel Rosenblat. Igualmente,
sobresalen los trabajos de Eduardo Arroyo Lameda, Mario Briceño Iragorry,
Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y Augusto Mijares. Entre los
escritores de los sesenta sobresalen José Francisco Sucre y Ludovico Silva.
Guillermo Sucre y Francisco Rivera pueden ser distinguidos como los mejores
ensayistas actuales sobre literatura.
LA INDEPENDENCIA. La literatura hispanoamericana se hizo autónoma de la
española durante este periodo (1823) gracias a los trabajos de Andrés Bello,
porque él lo llenó todo con su obra intelectual, la cual traza el sendero que
iba a recorrer esta literatura naciente y emancipada. Sin embargo, durante la
etapa bélica (1810-1826) predomina la literatura de orientación política, cuya
gran figura para Venezuela, sin duda alguna, fue Simón Bolívar, quien, además de
ser el Libertador de Venezuela, fue también un escritor epistolar, orador,
periodista y orientador de lo que sería la independencia. Textos suyos como La
carta de Jamaica (1815), un ensayo vertido dentro de la forma epistolar, o el
Discurso de Angostura (1819), composición ensayista para ser leída en voz alta,
están considerados entre sus textos más significativos. Poetas menores
concibieron obras de combate, o canciones patrióticas, que los compositores
musicaron y llenan la atmósfera de aquel periodo de emergencia.
ROMANTICISMO. Será dentro del romanticismo cuando la literatura
venezolana logre sus primeras obras significativas. En poesía brillan los
nombres de José Antonio Maitín, el primer poeta romántico, y Antonio Pérez
Bonalde (1846-1892), quien logra una plena expresión romántica, convirtiéndose
así en el escritor mayor de esa escuela. En prosa, la novela da sus primeros
pasos, pero no logrará desarrollarse hasta finales de siglo, pese a que la
primera publicada, Los mártires (1842) de Fermín Toro, sea una obra de los años
cuarenta. Al mismo tiempo la literatura vive el periodo costumbrista, que será
el puente que conduzca a la expresión nacional en la novela, cosa que se
encuentra en Zárate (1882), de Eduardo Blanco (1838-1912); en Peonía (1890), de
Manuel Vicente Romero García —obra considerada el símbolo por excelencia del
criollismo venezolano—, y en Todo un pueblo (1899), de Miguel Eduardo Pardo. En
prosa crítica, durante este periodo, hay que citar a los grandes humanistas de
la República; la mayor parte de ellos fueron además de ensayistas penetrantes
críticos literarios. Los nombres de Fermín Toro, Cecilio Acosta, Juan Vicente
González y Amenodoro Urdaneta (1829-1905), crítico literario, autor de Cervantes
y la crítica (1877), son esenciales en este momento.
MODERNISMO. Durante el modernismo hispanoamericano (1882-1916), desde la
publicación del Ismaelillo (1882) de José Julián Martí hasta la muerte de Rubén
Darío (1867-1916), Venezuela aportó su contribución. Y lo hizo más por el camino
de la prosa que de la poesía. De ahí que haya que comenzar citando al gran
maestro de la prosa modernista, Manuel Díaz Rodríguez: novelista, cuentista,
orador, ensayista, crítico, gran esteta de la palabra de todo el continente; no
se podría dejar de mencionar a Pedro Emilio Coll, ensayista, pensador,
cuentista, o al gran satírico de la novela: Rufino Blanco Fombona (1874-1944),
polígrafo de esa generación. Durante el proceso del modernismo se hicieron
presentes tanto el positivismo como el criollismo. El primero dio ensayistas de
la calidad de José Gil Fortoul o un crítico de la perspicacia de Luis López
Méndez. Siguiendo las estéticas de su época compuso el mismo Gil Fortoul su
novela Julián (1888). El criollismo se desarrolló en paralelo al modernismo. Su
figura mayor es la del cuentista Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl, considerado el
padre del género en la literatura venezolana; en poesía la figura central del
criollismo fue Francisco Lazo Martí, autor de la Silva criolla (1901). Los días
finiseculares tuvieron en los críticos Julio Calcaño (1840-1918), Gonzalo Picón
Febres (1860-1918) y Jesús Semprum sus mejores exponentes.
EL SIGLO XX. La primera generación literaria que se dio en el siglo XX
fue la de "La alborada" (1909), y Rómulo Gallegos es su figura central. Coetáneo
con ellos se desarrolló el trabajo novelístico de José Rafael Pocaterra
(1889-1955), cuyas narraciones están más cercanas al naturalismo. Se le
considera la figura esencial de la narración corta venezolana por sus Cuentos
grotescos (1922); sus novelas Vidas oscuras (1916) y La casa de los Abila (1946)
se encuentran entre las mejores que escribió. Contemporánea suya fue Teresa de
la Parra, quien noveló en sus dos únicos libros, Ifigenia (1924) y Memorias de
Mamá Blanca (1929), el carácter marginal en que vivía la mujer venezolana y
memoró el fin de un universo vivencial. Durante este mismo periodo, finales de
la década de 1920, Rómulo Gallegos llevó a la madurez la novela venezolana a
través de Doña Bárbara (1929), Cantaclaro (1934) y Canaima (1935). La poesía del
mismo periodo la encabezaron los miembros de la generación de 1918. Entre ellos
se destacan las obras de Fernando Paz Castillo (1893-1981), José Ramos Sucre y
Andrés Eloy Blanco. Como una isla quedó uno de los fundadores de la modernidad
poética: Salustio González Rincones. Durante este periodo la mujer insurgió en
el dominio de la literatura. La lección de Teresa de la Parra fue seguida por
singulares poetas como Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1963), Luisa del Valle
Silva (1902-1962), Mercedes Bermúdez de Belloso (1915- ) y una pléyade de
narradoras cuya principal figura es Antonia Palacios. Rafael Angarita Arvelo
(1898-1971), sistematizador del sendero de la novela, y Julio Planchart
(1885-1948) se contaron entre los más hondos intérpretes del fenómeno literario
en esos días.
La vanguardia se impuso en Venezuela en torno a 1928 con la publicación del
número uno y único de la revista Válvula. Pese a ello, ya Antonio Arraíz
(1903-1962) había abierto el sendero con su poemario Áspero (1924). Miguel Otero
Silva (1908-1985) y Pablo Rojas Guardia (1909-1978) se contaron entre sus poetas
más influyentes. En la ficción narrativa Julio Garmendia había abierto el
sendero del tratamiento fantástico de la narración corta con La tienda de
muñecos (1927). Al año siguiente Arturo Uslar Pietri ofreció otro modelo de
renovación a través de Barrabás y otros relatos (1928) con el cual inició una de
las obras centrales del cuento venezolano. Poco después, Uslar Pietri enriqueció
la novela con Las lanzas coloradas (1931). A él siguieron novelistas que dejaron
su impronta en la narrativa mayor, como Enrique Bernardo Núñez con Cubagua
(1931), Guillermo Meneses con El falso cuaderno de Narciso Espejo (1953), Miguel
Otero Silva con Casas muertas (1954) o La piedra que era Cristo (1984) o Ramón
Díaz Sánchez con Mene (1936) y Cumboto (1950). Durante este mismo periodo
pudieron leerse los primeros ensayos de Mario Briceño Iragorry, Augusto Mijares,
Mariano Picón Salas y del propio Uslar Pietri. En 1936, terminada la dictadura
(1908-1935) de Juan Vicente Gómez (1857-1935), se inició un nuevo periodo
político en el país. Éste tuvo también su impronta literaria. Se expresó primero
en el decir poético del grupo literario Viernes (1939), el cual trajo nuevos
aires más contemporáneos a la poesía. Su figura central fue el poeta Vicente
Gerbasi. No puede dejarse de señalar la significación que tuvo también el poeta
Luis Fernando Álvarez. Críticos como el alemán Ulrich Leo (1890-1964) o el
erudito español Pedro Grases (1909) se sumaron a la aventura de los viernistas.
El primero propuso los puntos de vista críticos para interpretar la estética de
Viernes.
Durante este mismo tiempo se hizo sentir el magisterio crítico del profesor
Eduardo Crema (1892-1974) e inició su labor de intérprete de las letras
venezolanas Luis Beltrán Guerrero. También a finales de la década de 1930 hizo
su aparición el poeta y crítico Juan Liscano. Su obra poética es de las más
singulares de la aventura creadora venezolana. Gran animador del debate cultural
a partir de 1936, ha sido el poeta y comentarista Pascual Venegas Filardo (1911-
). El periodismo literario tuvo su gran iniciador en José Ratto Ciarlo (1904- ),
creador en 1945 de la página de arte de El Nacional. En 1942 surgió el grupo de
poetas que fue bautizado con el nombre de ese año. Aedas significativos como
Juan Beroes, Ana Enriqueta (1918- ), Ida Gramcko, Luz Machado y Luis Pastori
forman parte de esta promoción. En 1946 apareció el grupo Contrapunto, el cual,
si bien tuvo poetas como José Ramón Medina o Rafael Pineda (1926), contribuyó a
la mayoría de edad del cuento. Entre sus cultores se cuentan verdaderos
maestros, como Gustavo Díaz Solís o Héctor Mújica (1927- ). En esta promoción
quien pugnó por innovar la novela fue Andrés Mariño Palacio a través de Los
alegres desahuciados (1948). Sus Ensayos (1967) deben considerarse como la
exposición de aquello que se propuso hacer a través de la prosa de ficción, ya
que él fue el crítico de esta generación. Durante este mismo periodo hay que
destacar la obra ensayística de J.L. Salcedo-Bastardo (1926- ), Guillermo Morón
y los críticos Óscar Sambrano Urdaneta, Alexis Márquez Rodríguez, Efraín Subero
(1931- ), Domingo Miliani y Orlando Araujo, cuyas obras se conocieron a partir
de las décadas de 1950 y 1960. El gran cambio dentro del decir poético se
realizó en la década de 1950 a través del libro Elena y los elementos (1951),
del poeta Juan Sánchez Peláez. En esa misma década los nombres de Rafael José
Muñoz y Alfredo Silva (1933) constituyen otros hitos de la poesía, la cual se
eslabonará luego con la de los poetas de la década de 1960.
Los nombres de Juan Calzadilla, el primer poeta verdaderamente urbano de la
literatura venezolana, Ramón Palomares, Guillermo Sucre, Rafael Cadenas,
Francisco Pérez Perdomo y Miyó Vestrini (1938-1991) forman el cuadro esencial de
este periodo. La renovación de la narrativa será la obra de Salvador Garmendia a
través de Los pequeños seres (1959); Garmendia, Adriano González León y Rodolfo
Izaguirre contribuyeron a un cambio en la perspectiva del narrar. En el ensayo
hay que nombrar a Elisa Lerner, a críticos como Guillermo Sucre, Ludovico Silva
(1937-1988), Francisco Rivera o Arturo Uslar-Braum (1940-1991), ensayista
singular. La poesía de la década de 1960 la dominan Eugenio Montejo y Luis
Alberto Crespo; la de 1980, Yolanda Pantín y Rafael Arraíz Lucca (1959- ); la
narrativa, figuras como José Balza, Francisco Massiani, Luis Britto García,
Denzil Romero, Guillermo Morón, Gustavo Luis Carrera (1933- ), Ana Teresa Torres
(1945- ), Laura Antillano (1950- ) y Stefanía Mosca (1957- ); el ensayo, Juan
Carlos Santaella; y Víctor Bravo (1949- ) y Javier Lasarte (1955- ), la crítica
literaria.
CONCLUSIÓN. Este trabajo de investigación lo realizamos con el fin de
conocer la historia de la Literatura Venezolana, tan extensa e interesante, así
como también conocer a los ilustres representantes de todas las tendencias
existentes de la literatura: como la poesía, la escritura, las novelas, etc. La
literatura propia de Venezuela, es tan antigua como el país. Esperamos, que la
investigación cumpla con lo exigido.
[ Colaborado por: Pedro Markez, para
www.agendistas.com ]
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